LA CRISIS HAITIANA
Domingo Carrasco
Ante el fracaso de la
nación haitiana, que, según Rubén Presbot,
se caracteriza por un “70% de
desempleo y 90% de analfabetismo, bosques aniquilados y desertificados, terreno
erosionado, ríos secos, hambre, sin servicios de salud y anarquía e
ingobernabilidad institucional”, agravada por el devastador terremoto de enero
de 2010 y rematada por la epidemia de cólera que en estos momentos azota a esa
nación, Estados Unidos de Norte América y Canadá promueven como solución la
unificación de Haití con la República Dominicana.
Esta salida libera a la
comunidad internacional de los compromisos asumidos públicamente para efectuar
importantes donaciones que contribuyan al rescate de la fracasada nación.
Ante los aprestos de las
dos grandes naciones del Norte, sorpresivamente reacciona Francia. Este país se
opone de manera sutil a la idea de la unificación mencionada, lo cual hace al
buscar apoyo en la ultranacionalista oligarquía haitiana, dentro de la cual
predomina un fuerte sentimiento anti dominicano. ¿Cómo actúa Francia? Lo hace
facilitando la entrada a Haití del que parece ser el gran líder de la
oligarquía haitiana, quien no es más que Jean Claude Duvalier. Francia aparentó
su colaboración con los EE.UU. al avisarles que el ex dictador se dirigía a Haití, pero lo hizo cuando este
ya había salido de la Isla de Guadalupe,
de modo que fuera inevitable su detencion.
La entrada de Duvalier
provocó la actuación de un tercer eje con orientación de izquierda, como el
bloque Venezuela – Cuba. Este tercer eje reacciona en contra de la
reunificación y de las pretensiones de Francia a favor de la derecha haitiana.
Lo hace trayendo a Jean Bertrand Aristide de Sudáfrica, donde permanecía
exiliado y es llevado a la Habana para luego introducirlo en Haití. La
importancia de Aristide reside en que goza de amplias simpatías en importantes
sectores populares de su país y por su declarada vertical posición anti
dominicana.
La presencia de Jean
Claude Duvalier y de Jean Bertrand Aristide frustran por el momento la
pretensiones de EE.UU y Canadá, pero además congelan la posibilidad de una
solución internacional para el rescate de la empobrecida nación, y además, le
quitan a un país pobre como la República Dominicana el dolor de cabeza de
cargar con la miseria del vecino país.
El resultado electoral
final revela un cambio de planes respecto a la unificación, producto de las
intervenciones de Francia, Venezuela y Cuba, que alentaron la intervención de
la reacción interna en Haití a la unificación.
Aun que no se quiera
mencionar, la República Dominicana es un cuarto eje que se mueve alrededor de
la solución a la crisis haitiana. En el país existen sectores que favorecerían
la unificación de Haití en el entendido de que esta unificación aseguraría mano
de obra barata y la vigencia política de ciertos sectores que verían sus manos
sueltas ante un nuevo orden constitucional que serviría de base a la nueva
nación que resulte de la unificación de los dos Estados que rigen en la Isla de
Santo Domingo. Incluso, algunas de las voces que se han opuesto a la
implementación del llamado “TEXTO INTEGRADO” han denunciado la intentona de su
introducción como la preparación de la república de la parte de este para asumir la educación de los haitianos, esto
porque la estrategia manifiesta en dichos textos es la de integrar a
poblaciones para las cuales el español no es su primera lengua, como se hizo
con poblaciones indígenas de Ecuador y de otros sitios.
Se ha querido anestesiar
a la República Dominicana al hacer aparentar la unificación mencionada como una
entrega o regalo de Haití a Dominicana. Este disfraz lo constituye la referencia a nombres que tienen una
importante carga cultural y emocional para los dominicanos que serian usados
para nombrar la nueva nación que surja de la unificación, como son “ESTADOS UNIDOS
DE QUISQUEYA (EUQ)”, “FEDERACIÓN DE LA ISLA ESPAÑOLA”, ETC. y nombres
dominicanos como “SANTO DOMINGO, DISTRITO NACIONAL FEDERAL” para la capital de
la nueva república. Estas referencias dominicanas intentan inflar el ego de los
dominicanos, a los fines de hacerles creer que hacen el gran negocio de su
historia.
En sentido general, la
República Dominicana ha asumido la actitud española frente al problema haitiano
y que parece que la hemos heredado de la llamada madre patria, España, como es
no reaccionar y parecer indiferente, lo que resulta ser muy peligroso.


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